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..... Aburrida de
esta actividad, pero interesándose siempre vivamente por el canto,
comenzó una paciente labor de recopilación del folklore chileno, que
con los años se difundiría en radios, discos y peñas, poniéndolo en
un lugar de respetabilidad y categoría.
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Posterioremente, Violeta Parra compuso sus propias creaciones,
impuso un estilo autoral de alto nivel y llegó finalmente a realizar
una exposición de ingenuos tapices en el Museo del Louvre de París.
Ya entrada la década del 60 fue postulada como la gran
desenterradora de la verdadera imagen cultural de Chile, y su
consagración definitiva vino, como siempre, después de su muerte, en
1967. La última etapa artística de Violeta Parra es la que más ha
preocupado y difundido, pero existe aquella rica zona de su vida en
que recopiló e investigó en las fuentes mismas del folklore, quizá
la más desconocida.
..... El nuevo texto
de Violeta Parra que acaba de lanzar Editorial Nascimento Cantos
folklóricos chilenos (1980, 134 páginas), trata de recuperar
precisamente aquel periodo. El libro contiene canciones de catorce
poetas populares de la zona central y sur de Chile, introducido en
cada caso por la propia artista, quien explica cómo conoció a los
campesinos, cómo le fueron entregando las canciones, sus dichos y
sus personalidades.
"¿Y ustedes no
saben?"
..... Sumados a la
antología y las anotaciones de Violeta, aparece en el libro las
transcripciones musicales de Gastón Soublette y las fotografías de
Sergio Larraín y Sergio Bravo. Los tres colaboraron en aquellos años
con la folklorista, acompañándola muchas veces a los lugares de
investigación y trabajando, como el caso de Soublette, en la
Universidad de Concepción junto a ella en el procesamiento y
ordenación de lo recopilado. El valor del libro no sólo reside en
dar a conocer por primera vez el texto y la música de las
composiciones de poetas populares, sino también porque los relatos
de ella muestran auella paciencia y tesón para convencer a la gente
de que recitara, cantara, soltara algún dicho típico de la
zona.
..... Violeta Parra
buscaba, indagaba, preguntaba husmeaba en todos los rincones hasta
encontrar, por ejemplo, el trozo de una tonada o cueca que se había
perdido en la memoria de los ancianos cantores, y que de pronto
saltaba y era anotado en su cuaderno o registrado en esa inmensa
grabadora, actualment ya tesoro arqueológico. Las primeras
investigaciones las realizó en la zona de Ñuble hacia el interior, y
su método consistía en preguntar a cualquiera si conocía algún
cantor. Le daban el dato y aunque quedara muy lejos llegaba con su
guitarra y su cuaderno, les decía su nombre y se ponía a cantar.
Después, les preguntaba, retándolos: "¿Y ustedes no saben cantar?".
Picados, los otros comenzaban a entonar canciones antiguas, cuecas,
sirillas, décimas que sólo ellos conocían y, de no haberlas anotado
Violeta Parra, se habrían perdido para siempre.
..... La reticencia
de los cantores era a veces obstinada: se negaban a abrir la boca.
Pero la paciencia y el saber que ella estaba haciendo una labor
cultural importante hacían por fin brotar el canto. Como Guillermo
Reyes, de las Barrancas, que había jurado no cantar más desde que lo
hizo en el velorio de su nieta regalona. Cuenta Violeta: -Don
Guillermo rompió su juramento cuando le dije que la patria
necesitaba de sus cantos. "Para usted lo voy a hacer, Violetita,
que es la única que trasmite a lo "pueta"'.
"El demonio
confesao"
..... "Don" Antonio
Suárez era otro reticente a quien no le gustaba la forma de cantar
de la artista. Lo invitan a almorzar y por ahí empieza a soltar sus
"decires", anotados religiosamente: "La plata se gana al sol y se
consume a la sombra"; "Al medio de la sopa viene una copa"; "Los que
somos, somos; los demás son palomos". Finalmente "don" Antonio,
cuenta Violeta, terminó afinando la guitarra y cantando en el estilo
de "Por el mundo al revés":
El mundo al
revés pintao yo lo vi en una pintura de penitente vi un
cura y el demonio confesao.
..... Muchas veces
Violeta organizaba ruedas de cantores que se iban entusiasmando con
las payas y poesías, y de donde se extrajo parte del material
inédito que después mostró en las radios. Violeta les decía: "Ahora
vamos a cantar por ponderación", y cada cual sacaba a relucir sus
canciones más ingeniosas e este estilo, que consiste en contar
mentiras, cosas exageradas:
Una chacra que
sembré se dio el maíz en tal estado que de una caña
saqué cinco puntas y un arado.
Dirán que es
ponderación al fin no pondero nada que una mata de
porotos me sirvió para ramada.
..... Las
investigaciones folklóricas realizadas por aquella época quedaban
generalmente archivadas en sesudos estudios universitarios y no eran
difundidas a nivel masivo. Violeta Parra da a conocer en las radios
-sobre todo La Chilena- todo lo que va recopilando, despertando un
gusto y un interés por lo chileno más auténtico. Comienza así a ser
desplazada la imagen del folklore nacional como las interpretaciones
cursis, acartonadas y sentimentaloides de los huasos de salón.
Debajo había mucho más, como las ceremonias de angelitos -rituales
cantados en presencia del niño muerto-, las distintas formas de
trasponer la guitarra, los innumerables modos campesinos de componer
que revelaban, además, una determinada visión del mundo, brutal a
veces, de gran riqueza metafórica generalmente:
La vista dice yo
veo dar vuelta el mundo y los años veo el mundo y sus
engaños a la sombra del deseo ver los campos me
recreo prados flores y portentos veo todo el firmamento la
florida luna y sol y están en salutación la vista y el
pensamiento
Cuecas
"amartelás"
..... La recopilación
se extiende después a las fiestas de La Tirana, al sur, a Chiloé,
integrando una imagen conjunta de Chile. Cantos folklóricos chilenos
se sitúa fundamentalmente en la zona central y algo del sur, como
Lautaro, donde existió doña Elena Saavedra, que interpretaba el
curioso tipo de cuecas "amartelas", que explica su propia
intérprete: -Se llaman así porque son bien alarmantes y se cantan
a dos o tres gritos. Por ejemplo, usted saca el principio de la
cueca, el otro agarra en la segunda vuelta y el otro en la tercera y
terminan todos juntos.
..... El medio
centenar de composiciones, las fotografías y las transcripciones
musicales contenidas en el libro, entregan la visión de una Violeta
Parra lúcida y empeñosa en el rescate de una expresión cultural
regional y universal. Aparece justo en el aniversario número 13 de
su muerte, demostrando que queda mucha Violeta Parra por delante
todavía.
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Su última
morada: a los trece años de su muerte los jóvenes la saludan
Violeta
de nuevo en discos
-Lo que tiene que hacer el auditor es guardar un
silencio religioso porque tu canto sabe perfectamente dónde
va- le dice Nicanor Parra en su
Defensa. ... La
propuesta del poeta recoge toda la radicalidad de Violeta,
sus mínimas alternativas: o se la siente, o se la reconoce.
Porque en toda su obra -pero especialmente en la música-, al
margen de géneros y procedencias, hay una misma sangre:
Chile, y por extensión, Latinoamérica. ... Parte central de su tarea fue la
recopilación del folklore más auténtico, recogido en las
propias fuentes y transmitido por generaciones, en un
proceso de sabiduría por decantación. Se sabe que comenzó
esa faena alrededor de 1947. Pero en realidad convivió con
sus modos desde la misma cuna, en San Carlos de Chillán,
codo a codo con la pobreza y la marginalidad.
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... Por eso no basta
con leerla. Hay que oírla, en sus discos (que ahora se
reeditan activamente), reproduciendo en cada matiz de la voz
un gesto que, siendo propio, pertenece también a la tierra
chlena. Sólo ella pudo dar a las cuecas, parabienes,
villancicos, tonadas y sirillas la necesaria ambiguedad
entre el dolor y la alegría. ... Pero, más que todo, su extrema
familiaridad con la música popular se reconoce en sus
composiciones. Allí el folklore aparece filtrado, sin
márgenes, como una vaga utilería sobre la cual se instala
América entera, y su propia forma de ver la vida. Así es
Mañana me voy pa´l norte, sonoro como un baile
iquiqueño, o Paloma ausente, con
reminiscencias argentinas. O ese prodigio de adaptabilidad
titulado Escúchame pequeño, una canción en
francés que asume los rasgos más arcaicos y directos de la
música gala. ... Como su
poesía, la música de Violeta Parra tiene dos rasgos
excepcionales: unidad temática y economía de medios. A lo
largo y ancho de su trabajo planean los mismos dolores, la
misma solidaridad social, la misma ansia de libertad. Y
también esa traza común a la gran creación chilena que es la
obsesión de la muerte, y que corre con igual fuerza desde
Huidobro a Nicanor Parra, sin olvidar aquel secreto vínculo
que liga a la cantora con Gabriela Mistral. ... En las piezas mayores, todo ese
desgarro tiene formas elementales. El ritmo ostinato
y monocorde de Qué dira el Santo Padre, el
lamento indígena de Qué he sacado con
quererte, la simplísima tonada de La
jardinera, y aun Gracias a la vida,
son verdaderos alardes de sencillez y de máxima
expresividad. ... Violeta Parra no estudió armonía, ni
contrapunto, ni canto. Su dicción es imperfecta, y en la voz
ligeramente gangosa se detectan algunos ripios melódicos.
Pero -más allá de la guitarra virtuosa- tiene la fuerza
precisa para cargar cada canción con sus exactas emociones.
Su hermano Nicanor resumió su carácter insustituible en
algunos de los más hermosos Artefactos: "Claro que
cantan bien. Pero Violeta Parra hay una sola". ...
Ahora -en una excepcional iniciativa-, el sello Emi-Odeón ha
iniciado una serie de reediciones de los discos de Violeta.
Dos longplays han sido lanzados ya (en la serie económica
Marfil), con temas grabados entre 1958 y 1965. Allí se abre
una nueva oportunidad para que el público chileno revisite a
una de sus más imprescindibles intérpretes.
A. C.
C.
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en Revista HOY, 5 al 11 de marzo de
1980
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